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Cartel correspondiente a la edición de este año, la quinta de la "nueva era" |
Una semana más o lo que es lo mismo, una semana menos para que llegue ese reto en forma de camino oscuro que el 18N nos llevará a tratar de completar la mítica distancia de Filípides por las calles de Valencia en el menor tiempo posible. Y la verdad es que entre la mala química que se ha instalado en el curro, el asfixiante calor que sigue haciendo a estas alturas de septiembre y algún que otro problemilla adicional que tampoco viene a cuento, las cosas no acaban de rodar como uno esperaba a estas alturas. Cierto es que ya la semana pasada se produjo un cambio de tendencia, una especie de esperado punto de inflexión con la salida del domingo por las calles de Valencia después de la gamberrada del sábado por Sot de Chera. Cierto es también que los entrenamientos de esta semana han transcurrido en todo momento con mucho mejores sensaciones que hasta la fecha. Pero con todo llegábamos al viernes y seguía sin tener nada claro mi estado de forma de cara a esa ya famosa MDP.
La historia de Vilafranca comienza realmente el día 7 de febrero de 1.239, cuando Blasco de Alagón otorgaba la “Carta Pobla del Riu de les Truites”, en el lugar que actualmente se conoce como “La Pobla del Bellestar”. La finalidad de este documento era fomentar la atracción de nuevos pobladores hacia el territorio recientmente conquistado a los árabes, y revitalizarlo. Concretamente, se repartía los derechos y obligaciones entre el Señor (Blasco de Alagón) y los primeros pobladores (Marco de Villar Longo y García Navarro). Suponía también la independencia del “Riu de les Truites” del Castillo de Culla y la partición de los términos. Es por tanto, la partida de nacimiento del pueblo.
El señor que reparte la tierra lo hace de forma que sea atractivo para los pobladores a causa de las ventajas que les da: reconocimiento de los derechos cívicos, poca presión económica, etc., unos privilegios que en definitiva, sirven para atraer a los nuevos pobladores de un territorio que, de no ser así, permanecería deshabitado e improductivo, dada la escasa densidad demográfica del siglo XIII.
La Carta Pobla permite la creación de una villa (y no-aldea) “franca y libre” a la que se le asignan unos límites con absoluta presición. Los pobladores se regirán conforme a los fueros, usos y costumbres de Zaragoza, tendrán que guardar fidelidad a Dios y estarán obligados, como vasallos, a guardar fidelidad y lealtad a Blasco de Alagón y a sus sucesores, quiénes como contraprestación respetarán los pactos y los harán respetar. Los nuevos pobladores que tengan casa abierta y habitada durante un año y un día podrán hacer lo que quieran con sus propiedades con absoluta libertad.
Bonita foto, ¿quién será la de detrás de la pared? |
El viernes pude acabar la jornada laboral a mediodía, dejando atrás así una semana que volvía a ser "intensa" en este aspecto pero que dejaba paso a un fin de semana que prometía. De la misma manera que ocurrió ahora hace un año el plan era atractivo: dejar atrás Valencia, acompañados "pels veins" y poner rumbo a Vilafranca donde íbamos a repetir estancia de fin de semana en La Casa del Mercat, vivienda de turismo rural enclavada en pleno centro de la villa y que recomiendo de manera entusiasta. Y la verdad es que el fin de semana ha sido provechoso, con un sábado en plan turista por la zona de la Pobla del Bellestar, origen de la actual Vilafranca, y la de la Iglesuela del Cid, localidad próxima a Vilafranca y cuya carrera es de las que merecen la pena (en este enlace tenéis mi experiencia en la edición del 2010), aprovechado también para la visita de rigor al outlet para cargar de cara al ya iniciado otoño y, en fin, tratando de desconectar de ese día a día tan complejo que llevamos últimamente. Y así, entre visitas, compras y algún que otro paseo nos plantábamos en el domingo, día en el que se disputaba la quinta edición de la Marxa a Peu Entreparets, que se convertiría si no pasaba nada en mi tercera experiencia en la misma.
Museo de la Piedra Seca de Vilafranca
La piedra en seco ha sido y es una constante en Vilafranca. Durante siglos, la necesidad de aumentar la superficie y la calidad del terreno hizo que se extrajera de sus tierras grandes cantidades de piedra. Con ella y con el ingenio y las manos de los pobladores de esta villa se creó una arquitectura propia, sencilla y popular, una forma única de entender el medio que los rodeaba. Se crearon centenares de kilómetros de paredes de piedra seca y centenares de casetas, balsas, pozos, bancales, artigas, azagadores, etc.
Una imagen del Museo de la Piedra Seca |
Así, para dar a conocer esta arquitectura ecológica que ha transformado el paisaje de una manera sabia y respetuosa con el medio ambiente, Vilafranca inauguró el sábado 14 de octubre de 2006 el primer Museo de la Piedra Seco de la Comunidad Valenciana.
Este espacio museográfico, único por sus características, está ubicado en la planta superior del edificio gótico de La Lonja. En él se puede conocer la rica técnica de la piedra en seco que forma parte del patrimonio de Vilafranca, las herramientas, los modelos constructivos, las tipologías de casetas o el paisaje humanizado, a partir de un recorrido por paneles, maquetas, recreaciones y proyecciones con fragmentos del audiovisual “Toda Piedra Hace Pared”. Además, también da la oportunidad de gozar de una de las vistas más privilegiadas de toda la Vega y del mismo edificio donde se ubica, la Lonja gótica de Vilafranca.
De todas formas, este Museo va más allá de los límites físicos del edificio; quiere dar las herramientas para interpretar el paisaje lleno de piedra y para comprender el esfuerzo de los vecinos de Vilafranca; para poder subsistir en estas tierras transformando el paisaje. Así pues, tres son los itinerarios que se pueden realizar para completar la visita:
- ITINERARIO “PLA DE MOSORRO”: Pastores y Ganaderos.
- ITINERARIO “LES VIRTUTS”: Agricultores y Masoveros.
- ITINERARIO “LA PARRETA”: El bosque de “La Parreta”.
Con Rubén, poco antes de la salida |
En pleno descenso, detrás aparece Teo |
Tratando de seguir con mi idea de no forzar la máquina, y pese a que ya en este tramo empezaba a encontrarme más entero de lo esperado, me acoplo al ritmo que lleva el grupeto que me precede y así doy cuenta de un cómodo tramo de descenso que sobrepasado el siete nos lleva a correr entre el bosque y que enseguida nos regalará la segunda ascensión del día, de apenas un kilómetro y no demasiado dura pero que vuelvo a afrontar con la prudencia con la que llevo toda la carrera. Esta subida nos deja prácticamente en el kilómetro nueve y desde ahí iniciamos un nuevo descenso que nos llevará hasta el segundo avituallamiento de carrera, allá por el diez y medio. Las sensaciones en este punto siguen siendo esperanzadoras e incluso me permito forzar un poquito en el tramo viendo que las piernas siguen respondiendo. Debo reconocer que en este punto mi cabeza ya está madurando la idea de meter una marcha más y probar cómo va todo con un ritmo menos cómodo pero todavía aquí me parece un poco precipitado así que aprovecho el segundo avituallamiento para alimentarme bien y afrontar el siguiente tramo a modo de prueba para decidir si cambiar de paso o no. El tramo entre el cinco y el diez lo hago en 33.10.
Después del avituallamiento llegaba lo que personalmente me parece la subida más exigente de la carrera; apenas kilómetro y medio de ascensión, con un tramo inicial muy suave que se deja trotar y que nos deja prácticamente en el kilómetro doce que deja paso a un tramo de cuatrocientos metros con una pendiente media del 24 por ciento que alguno trotará pero no seré yo. El caso es que abandono el avituallamiento en compañía de un componente del C.M. La Pedrera y aprovechando la coyuntura me pongo a su rebufo y con él vamos subiendo ese primer tramo trotador. Las piernas siguen respondiendo bastante bien y así llegamos a la parte dura en la que inicialmente me sigo dejando llevar para finalmente apurar un poco la marcha para tratar de superarla lo antes posible. Y casi sin darnos cuenta nos plantamos en el final de la parte dura a la que sucede un tramo de kilómetro y medio de falso llano que nos llevará hasta el catorce al punto más alto de la carrera. Sigo haciendo la goma con el compañero de Borriol y, una vez llegados a este punto más alto, coincidiendo con el inicio de la bajada ya tengo claro que en adelante hay que apretarse los machos y forzar la máquina. Todavía queda algo más de un kilómetro de descenso hasta el avituallamiento que me tomo con cierta calma a la espera del mismo; finalmente, alrededor del quince aparece el avituallamiento donde apuro la pertinente hidratación, lleno el botellín y me preparo para una carrera de diez kilómetros dentro de la Entreparets. Este tercer cinco mil lo he recorrido en 36.11.
Empieza aquí una nueva carrera para mí. Viendo que las piernas están mucho más fuertes de lo esperado decidí apretar el paso y a pesar de que llega un tramo de descenso no del todo cómodo para correr, me "deshago" del grupito en el que había transitado hasta entonces y me lanzo a tratar de ganarle segundos al crono. Las piernas pero, sobre todo, la cabeza están a tope de fuerza aunque sigo temiendo posibles desfallecimientos más adelante, en especial a partir del último avituallamiento donde el terreno es corredor pero seguramente el menos bonito del circuito. Apuro el descenso y empiezo la última subida de entidad de la carrera, más allá del último kilómetro que picará nuevamente hacia arriba. Me permito el lujo de trotar en algún tramo y el kilómetro más duro de esta subida, que siempre se me ha atragantado, lo paso con mucha fuerza, recortando distancia con el grupo de delante de una manera significativa. Alcanzado el dieciocho y medio aparece una bajada muy pronunciada y que puede pasar factura a mis piernas pero la verdad es que sigo encontrándome fuerte y mentalmente, tratando de no perder la concentración voy preparándome para ese kilómetro largo que tenemos desde el final del descenso hasta el último avituallamiento y que siempre se acaba por hacer duro. Finalizado el descenso hago una breve parada para beber y de inmediato me pongo en marcha para tratar de superar este kilómetro antes mencionado del tirón. Dicho y hecho, después de pasar a varios corredores alcanzo el avituallamiento, prácticamente en el kilómetro veintiuno habiendo superado una fase de la carrera que en otras ediciones me había pasado factura pero que este año transito con muy buenas sensaciones.
Estos nanos me sprintaron al final. Así da gusto acabar una carrera |
En fin, de momento es todo, esta semana toca seguir sufriendo el asfalto aunque haremos un aparte el domingo para correr el Trail de Alpuente, cuarta prueba de la Liga CxM de la Serranía. Intentaremos que sea un pequeño homenaje a estas tierras tan castigadas por el fuego en este dramático verano que nos ha tocado vivir. Hasta entonces os dejo con los enlaces de siempre, sin olvidarme de agradecer a todos los miembros de la organización y voluntarios de Vilafranca por permitirme disfrutar de un fin de semana tan especial.
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Perfil de la Entreparets en Wikiloc |